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Es triste saber que no se sabe,

pero es peor el lamentar aquello que se quiere.

En algún momento de mi vida,

le abriré la puerta a la felicidad,

para dejar que mis miedos se dispersen en la noche oscura.

Cuanto daría por saber que los labios que beso son mi destino.

Como me cambiaria la vida

si esos que deseo

se posaran el los míos.

Todavía recuerdo

como mi cuerpo sentía

cuando estabas junto a mí.

Ya ha pasado tanto tiempo

que no se si es obsesión o pena

lo que siento.

En algún momento sueños tuve,

pero todos quedaron atrás en las mazmorras.

Ya nada me hace feliz,

ni siquiera el canto de tu voz

de cuando en vez.

Cuando un problema toca a mi puerta,

corro sin respuesta a consolarme en tus brazos imaginarios.

Si tan solo por un segundo fueran mi realidad.

Nunca tuve la oportunidad

de que fueses mío,

pero nunca pierdo la esperanza

de que pasará aunque sea en mis sueños.

Aunque ahora no sabría si en realidad lo deseo,

o si son solo los deseos perdidos de una adolecente en celo.

Si en algún momento he de perder la cordura,

al menos sé que en tí cuento

para mantener lo poco que tengo

en las penumbras del pasado.

Nunca podría pensar

que hubiese pasado

si yo no fuese tan perfecta.

A lo mejor los dos estaríamos atados y sin tener respuesta.

Al menos de esta forma,

yo sé que eres feliz de alguna manera.

Yo también te he remplazado con algunas respuestas

Que en realidad me mantiene sin más.

Cuanto daría para que esta maldita obsesión de lo irreal desaparezca

y me deje verte como un simple mortal.

Por qué será que siempre que recuerdo lo que yo era,

tú eres lo primero que recuerdo.

Sin más, ni más nunca fuimos uno,

aunque nunca entendí el porqué.

Yo siempre estuve dispuesta

y tal vez ese fue el problema.

Que hubiese dado por tomar el riesgo

y ver donde terminaría mi vida.

Tal vez nada hubiese cambiado

o todo lo hubiese perdido.

Lo que tengo no lo quiero perder ya,

aunque aún te deseo.

Como deseo el calor de tus labios

y la tristeza de tus ojos.

Al mismo tiempo no quiero condenar mis recuerdos,

porque son solo lo que yo deseo,

no lo que en realidad tu eres.

El todo de mi universo

y la razón por la cual vivo en el pasado.

Aunque nuestros caminos se crucen

sin más de vez en cuando,

ya no somos los mismos

y tal vez nunca lo fuimos.

Cuando estuvimos cerca formamos un universo paralelo

en el cual nuestros sueños se encuentran atrapados

manteniéndonos atados a lo que nunca fuimos

y llorando lo que nunca seremos.

Cuanto daría por algún día regresar a tus brazos

y encontrar mi ser.

Esa seria la única manera de seguir adelante

y dejar de esconder mi presente de mi pasado.

Aunque él merece lo que a tí quiero dar,

no se como hacerlo.

Tú eres más que el recuerdo de mí

y lo que dejé olvidado.

Tu vida continúa sin mí como si nada,

pero yo nunca pude dejar de pensarte.

Tal vez es por eso que quiero que leas esto,

para saber si reconoces quien fui cerca de ti.

Tal vez no estoy tan equivocada

y en algún momento ocupé aunque fuese un segundo de tu ser.

No quisiera pensar que fui la única que sintió

como hoy siento,

esta obsesión absurda

Cuando estoy contigo,

me encuentro

y cuando te vas,

regreso contigo.

En algún momento antes de que me olvides,

espero me regreses,

para así no seguir perdida

entre lo que no soy y lo que nunca fui.

Tuya…

Por ti lo abandoné todo

y ahora tú me abandonas.

Mis sueños, mi patria

quedaron atrás,

sin quejas, ni remordimientos

te seguí sin más,

solo esperando un te amo

de tus labios,

y una caricia de tus manos.

Por ti lo abandoné todo

y ahora tú me abandonas.

Cuando se acercaba la oscura noche antillana, Inés y Luis Antonio comenzaron a buscar donde acampar. Habían abandonado la ciudad cerca del amanecer y ya la silueta de la luna les advertía que era tiempo de encontrar una guarida. No sabían hacia donde iban o que encontrarían en el camino. Solo les guiaba la duda de lo que podrían encontrar al otro lado de la campiña.

Ambos abandonaron su pasado y se dirigieron hacia un futuro desconocido. Ese primer día les parecía ya interminable. Por más que se adentraban en las pequeñas calles campestres, más pensaban que había sido un error abandonar la ciudad. Ellos pensaban que todo sería más fácil, si no dependieran de nadie. Si su pasado quedaba atrás y su futuro por delante.

Ya Inés estaba cansada cuando encontraron un área clara donde refugiarse. Allí, a la luz de la luna contemplaron sus opciones. Reconsideraron su pasado e imaginaron lo que les esperaba en su camino. Entre palabras, risas y sueños los venció el cansancio. Abrazados por primera vez, pasaron juntos a encontrarse con Morfeo. Cada cual con la esperanza de encontrar un mejor mañana con el calor del amanecer.

Inés se levantó sobresaltada al sentir un roce desconocido en su piel. Con un grito profundo despertó a Luis Antonio que yacía a su lado luego de una noche larga y fría. Con rapidez, Inés sacudió su pierna y descubrió un pequeño saltamontes que se alejó de inmediato. Ambos se miraron y realizaron que al fin habían logrado escapar de esa cuidad encantada que no les permitía encontrar su ser. Ya casi comenzaba a amanecer, les esperaba otro día de largo caminar sin un destino marcado.

Ellos habían comenzado esta travesía por razones diversas, pero a su vez, los unía el sentido de responsabilidad por las almas que habían dejado atrás. Esas de quien ellos eran la guía sagrada que velaba por su subsistir. Abatidos por el cambio del día a día, caminaron dejando atrás esas calles pequeñas para terminar siendo parte de paisajes sorprendentes; de verdor exquisito y amplios espacios.

Luego de varias horas se detuvieron para admirar la lejanía de la campiña y descansar un poco. Sus piernas comenzaban a flaquear y su espíritu a cuestionar el porqué de su partida. Solo la esperanza de encontrar la respuestas de su ser los mantenía con la frente en alto y el corazón latiente. Al escuchar un sonido lejano, Inés se acercó a Luis Antonio y le susurro en el oído el mensaje que le auguraba el más allá.

Luis Antonio no podía creer las palabras que pronunciaba Inés. Estas eran pequeñas dagas que atacaban su entender. Aturdido aun por esa premonición, volvió a escuchar ese sonido ligero y lejano que había colocado a Inés en el trance de la verdad. Un trance que solo las almas más puras podían alcanzar y de cual muy pocas regresaban. Ya cuando el sonido surgió por tercera vez Luis Antonio recobro su ser.

Este no podía creer lo que pasaba. Solo minutos antes se habían detenido a descansar y el destino le había jugado una mala pasada. Inés sin aviso alguno declamaba la historia aun sin escribir que les esperaba en los próximos días. Luis Antonio no sabía que era peor; si caminar hacia lo desconocido o caminar hacia el futuro que le esperaba sabiendo que no podía hacer nada para cambiarlo. Ya el destino había sellado su palabra a través de los labios de Inés.

Ese sonido misterioso regreso una vez más y con él Inés cayó al suelo como un pedazo de tela que cae de la mesa de su costurero. Como un paño ligero descansaba sobre las pequeñas flores de la campiña. Parecía una sola entidad compuesta de bellos colores al mediodía. Se veía placida y distante cuando Luis Antonio se le acercó. De forma delicada la acogió entre sus brazos y susurro a su oído. Ahora ambos sabían lo que les esperaba en su camino. Uno que terminaría antes de lo previsto.

Y así fue. Luego de unos minutos Luis Antonio comenzó a sentirse observado. Inés aún se encontraba en sus brazos como una niña pequeña buscando refugio cuando comenzaron a sentir unos pasos que se acercaban de prisa. Cada vez más fuertes e intimidantes hacían latir el corazón de estos a un paso aligerado. Su respiración se hacía rápida y sus mentes se nublaban. No sabían que hacer o como reaccionar.

Seguían en el suelo donde podían sentir la vibración de la tierra siendo transmitida a sus cuerpos. Las flores que antes parecían parte de Inés comenzaban a marchitarse con gran rapidez. Como si algo las estuviera aniquilando a su pasar. Ya eran pocas las que quedaban llenas de color y alegría y se encontraban solo alrededor de ellos. El resto se había convertido en un valle de soledad y angustia para ambos.

Luis Antonio no pudo más y abrazo a Inés con fuerza. Todo a su alrededor comenzó a dar vueltas. El seguía sintiendo que era vigilado y a la vez sentía los pasos fuertes cada vez más cerca. Tenían la sensación de ser atacados en todas direcciones. Sin esperar más cerraron sus ojos y acercaron sus cuerpos aún más.

En un santiamén un gran estallido de luz desapareció todo a su alrededor. La campiña se encontraba nuevamente en silencio, llena de flores y belleza sin fin. Como si nunca hubiese pasado nada en ella. Ni una simple hormiga que trabaja para su sustento. Como si el tiempo hubiese regresado atrás, a un momento de perfecto balance. En el cual todo era perfecto. Donde no hacía falta nada más que observar la belleza para regocijar el alma.

Al abrir sus ojos nuevamente se encontraron de regreso en su natal ciudad encantada. Veían pasar la gente como quien ve una película. Todo parecía el reflejo de la realidad. Cuando lograron incorporarse notaron que estaban a solo pasos de la plaza central donde podían observar un variado grupo de personas. Aunque de lejos no podían reconocer a nadie. Solo les llamaba la atención sus atuendos.

Con paso apresurado se acercaron a la multitud y allí, al tope de una fuente magnifica se encontraban dos figuras en bronce que transmitían una paz que llenaba el alma de los que la observaban. Cual fue su sorpresa cuando reconocieron en esas figuras sus rostros entrados en edad. Tal y como lo había dicho Inés ellos habían alcanzado la gloria con esa travesía que creían estar comenzando.

De momento se sintieron aturdidos, pero entendieron lo que pasaba. Se encontraban en un viaje sobrenatural creado por el aroma de las flores de la campiña. Se percataron de esto ya que las mismas flores se encontraban alrededor de las figuras que contemplaban. Como era todo esto posible era lo que pasaba por su mente y cuando de repente una voz suave llamo su nombre y calmo su alma.

Nuevamente todo comenzó a dar vueltas y sintieron que estaban siendo atrapados por una brisa ligera con un dulce y apetecible aroma. No estaban seguros de donde venía o hacia donde se dirigían. Ya de esta forma más tranquila cerraron sus ojos y esperaron nuevamente por su destino. No sabían que esperar o que hacer para evitar ser llevados por el viento. Sin más, regreso la gran luz radiante que desvaneció todo en un instante y de esa manera regreso la calma a su ser.

Otra vez se encontraban en la campiña; abrazados. No sabían si lo que había pasado había terminado o si simplemente regresaría sin decir más. Permanecieron sentados observando las flores a su alrededor, tratando de descubrir sin habían vuelto a la realidad o si aún se encontraban viajando. No sabían cuánto tiempo había pasado o si en realidad esa experiencia les serviría para llegar al futuro que ya sabían les esperaba.

Un poco más calmados se prepararon para partir. Tomaron las pocas pertenecían que llevaban consigo y comenzaron nuevamente a caminar hacia el sur. Seguían la misma ruta que muchos antes que ellos, pero al parecer habían llegado más lejos que los demás. Al parecer, luego de las visiones del futuro, otros decidían regresar nuevamente a la ciudad sin conseguir su propósito. Afortunadamente, Luis Antonio e Inés estaban determinados a no regresar sin cumplir su encomienda.

Luego de varias horas de camino, divisaron un arroyo de aguas cristalinas que daba vida a la flora majestuosa y embellecía el panorama. Todo parecía como tomado de una pintura antigua que hacia resaltar el esplendor natural del área. Sentían una calma que les atraía a acercase. Al hacerlo se dieron cuenta de que no eran los únicos en el arroyo. Al parecer eran varias las personas que se encontraban disfrutando de la tranquilidad de las aguas.

Inés se dirigió hacia un grupo de mujeres que se encontraban sentadas en unas piedras con sus pies sumergidos en las tibias aguas. Parecían que estaban listas para dialogar, pero en realidad ninguna decía nada. Parecía como si estuvieran adentradas en sus pensamientos y sin noción de lo que pasaba a su alrededor. Inés sintió la necesidad de acercarse y observarlas; sin darse cuenta se acopló a ellas como una más. Como si nada más se encontrara a su alrededor.

Cuando Luis Antonio se percató de lo que pasaba se acercó a Inés y toco su hombro con sutiliza, pero esta no pareció percatarse. Una vez más, tocó a Inés, pero esta vez él sintió que su piel se sentía fría. Decidió tomarla de la mano y apartarla del grupo. Ya cuando se alejaron un poco, Inés volvió en sí y le explicó que había sentido la pena que embarcaba a esas mujeres. Todas tenían una historia en común; habían llegado allí en busca de la sabiduría, pero no habían podido partir para seguir su búsqueda.

Luis Antonio decidió que era tiempo de alejarse antes de que más eventos fantásticos se manifestaran ante sus ojos. Ya él no sabía distinguir cuando lo que vivían era realidad o un simple capricho puesto en su camino para alejarlos de su misión. Una que sabían cerca, pero a la vez temían. Formarían su destino, pero a la vez cambiarían el destino de todo un pueblo que esperaban por ellos sin ni siquiera saberlo.

Esa sabiduría de que tantos habían escuchado y aventurado a buscar solo se sabía que daría la libertad a los oprimidos. Era la salida que esperaba su pueblo para regresar a sus años de gloria. Unos en los cuales sus ciudadanos caminaban libres por las calles sin miedo al anochecer. Mientras más se acercaba la noche, más pensaban en su cometido, aunque ya no tenían que esconderse para deleitarse de la luz de la luna.

Una luz que ya los cubría luego de otro día de arduo caminar. Un camino que cada día se hacía más claro y les regresaba la fortaleza y la fe en que su cometido era uno pronto a cumplirse. Por primera vez durante el viaje, sintieron que la noche era su aleada y no tuvieron miedo de las tinieblas que dejaron atrás en su llano. Ya se sentían uno con la tierra y la naturaleza que les servía de compañía.

Inés y Luis Antonio platicaban tranquilamente cerca de una hoguera que iluminaba la noche. El cielo estaba claro y la noche refrescante. El cabello azabache de Inés se movía suavemente y la hacía lucir más joven de lo que realmente era. Luis Antonio la contemplaba sin disimulo y ella no sabía como reaccionar. Se conocían desde niños y habían decidido que cuando tuvieran una oportunidad salvarían a su pueblo de las entrañas de la oscuridad. Eso si tan solo supieran donde encontrar la sabiduría para hacerlo.

De pronto, Luis Antonio cambio su mirada. Su rostro se tornó triste y ya solo miraba las llamas pequeñas de la hoguera. Inés sabía que la hora había llegado, pero no deseaba hacer ese momento uno más incómodo para ambos. Así, callados y tristes, permanecieron por unos minutos que para ambos se sintieron como un siglo. Sin más, Inés se levantó y camino hacia la hoguera. Volteo solo para ver a Luis Antonio una vez más. Con una lágrima en su rostro ella murmuró –hasta pronto- esto sin detener su andar.

Luis Antonio solo lloró al verla envuelta entre las llamas de la hoguera. Inés se hacía una con el fuego y solo se escuchaba su tierna voz entonando un cantico celestial que entristecía la noche, que hasta ese momento, había sido una casi perfecta. Las llamaradas crecían y se avivaban a cada instante. Los tonos dorados iluminaban el rostro de Luis Antonio que no podía dejar de mirarlas. Por un instante pensó entrar a ellas y rescatar a Inés, pero sabía que eso era imposible. Ya habían comenzado el camino de la salvación y a cada instante se acercaban más a la sabiduría que deseaban conquistar.

De tanto llorar, Luis Antonio, se quedó dormido junto a la fogata que había consumido el cuerpo mortal de Inés. Sobresaltado, este se levantó gritando de angustia el nombre de su inseparable compañera. Al fin se había cumplido la profecía pensó. La hija favorita del pueblo se había convertido en parte de la tierra de la villa, para así fecundar la misma y traer la prosperidad a su pueblo. Ese evento tan esperado por muchos y tan impedido por tantos.

De repente, el cielo comenzó a aclarar y los montes y colinas florecieron alrededor de Luis Antonio. Un aroma fresco se esparcía por el valle. Este hacia entristecer a Luis Antonio ya que sabía que esta belleza surgía gracias a la belleza del alma de Inés. Un alma que ahora protegía la tierra y daba un aliento a su pueblo. Ya a lo lejos se veía el cambio en el aire y la belleza que paulatinamente engrandecía el alma de todos.

Ya sin más, Luis Antonio comenzó su camino. Este sabía que ya pronto llegaría a su destino hacia como lo había hecho Inés. Ambos pasarían a formar parte de las historias de su pueblo de generación en generación. Ellos serían recordados por abandonar su tierra y dar su alma al servicio de esta. Todos sabrían que al fin ellos habían podido escapar las sombras y llegar a la luz de la sabiduría, para así liberar la opresión que por años regia los campos.

Para Luis Antonio la soledad de su andar hacia que su camino pareciera eterno. Solo recordaba lo mucho que disfrutaba la compañía de Inés y deseaba que ella estuviese allí junto a él. Luego de varias horas Luis Antonio decidió detenerse para descansar cerca de unos arbustos frutales. Cuando se acercó para tomar una de las jugosas frutas sintió que alguien lo observaba. Este retrocedió, recogió sus cosas y comenzó a correr sin un rumbo determinado. Ahora que estaba tan cerca de su destino no permitiría que nada se interpusiera en su camino.

Luego de varios minutos, Luis Antonio se detuvo para ver si todavía lo estaban siguiendo, pero solo le pareció escuchar la voz de Inés indicarle que no se detuviese. Luis Antonio retomo su camino y un viento fuerte se apoderó de la tarde ayudándolo a moverse rápidamente. De repente, Luis Antonio sintió que perdía el control de sus piernas y al mirar se percato de que el viento lo estaba elevando. Aunque se sintió asustado por un instante, relajó su cuerpo y agradeció la ayuda que Inés le estaba ofreciendo.

A lo lejos, ya Luis Antonio podía ver la orilla del rio que marcaba el final del camino. Le parecía más un pantano que la fuente de agua que le daba vida a su reino. Desde que las tinieblas habían tomado el control sobre la gente de su villa, el agua había dejado de fluir convirtiendo este en una sombra de lo que algún día fue. Suavemente Luis Antonio regresó al suelo y se sentó para al fin poder descansar. Cuando comenzó a alimentarse varios hombres de su villa lo acorralaron. Luis Antonio les pidió creyeran en él y le dieran la oportunidad de completar la profecía. Ellos comenzaron a preguntar por Inés y él les explico que ella ahora vivía en toda la belleza y la naturaleza que habían dejado atrás.

Segados por las tinieblas ellos solo veían un valle seco y sin vida. Además de un rio pantanoso y un traidor que había abandonado la villa para incrementar la furia de las tinieblas. Ahora no les quedaba nada más que deshacerse de él. Si había tratado de escapar una vez, lo haría de nuevo y por eso deberían acabar con él en ese instante. Sin pensarlo dos veces, los hombre hicieron que Luis Antonio llegase al cause del rio y sin mas lo empujaron dentro de las aguas oscuras.

Ellos esperaron para asegurarse que Luis Antonio se había ahogado en las aguas, pero no pudieron ver nada. De momento, un círculo de agua cristalina comenzó a formarse y los hombres no podían creer lo que estaba sucediendo ante ellos. Poco a poco el rio se convirtió en uno lleno de vida comenzando a fluir hacia la villa. Ante los ojos de unos pocos hombres la profecía se había cumplido.

“Dos jóvenes escaparan la ceguera de las tinieblas y a través del agua y el fuego traerán la vida y la libertad a su reino” y así fue. Los hombres que habían querido acabar con la vida de Luis Antonio lo habían logrado, pero a su vez lo habían ayudado a alcanzar su destino. Desde ese momento Inés seria conocida por todos como la madre tierra y Luis Antonio seria llamado Neptuno. Ellos inspirarían a muchos y festivales en sus nombres se llevarían acabo hasta el final de los tiempos.

FIN

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