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Muchas veces nos trazamos metas para llegar a donde deseamos. Trabajamos duro en el camino para alcanzar lo que tanto anhelamos. Muchas veces nos perdemos en el camino y nos enfrentamos a muchos obstáculos, pero estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para llegar a esa cima tan esperada. Nos alejamos del mundo, solo para tener más tiempo y completar nuestra misión. Pasamos el día a día sin importar lo que se desarrolla a nuestro alrededor, ya que lo único importante es lo que conseguiremos posteriormente.

Desafortunadamente cuando nos aferramos a todo esto, la vida nos pasa y cuando nos damos cuenta no hemos disfrutado de nuestros días. Además, muchas veces eso que tanto buscábamos solo dura un momento. Perdimos una vida por llegar a algo, pero no disfrutamos el camino que recorríamos. Así que desde hoy toma las riendas de tu futuro sin olvidar tu presente. Vive el cada día con tu vista en el futuro, pero tu pies en el presente. Tu eres el único que te puede ayudar a salir adelante.

Anoche de la nada volviste a aparecer en mi vida y

con tan solo dos líneas despertaste mi sentir.

Una vez más me arrastraste a tu mundo,

del que ya pensé había escapado.

Los castillos se formaron en el aire y

no pude dejar de pensarte hasta el amanecer.

Si supieras que en mi alma siempre estas,

sin importar la escases de tus palabras.

     Bajo una noche silente nos volvimos a encontrar todos como cómplices de una historia. Nos encontramos para crear historias las cuales compartir en el futuro y vivencias para nuestro presente. A la hora acordada todos llegamos al lugar de siempre decididos a hacer de esa noche en la playa una mágica y de grandes aventuras.

     Ya cuando era posible contar las estrellas comenzamos a platicar y a crear juegos sin final. Nos dispusimos a velar las olas y a contar cuentos sin sentido ni escapatoria. Recorrimos las profundidades de la arena y experimentamos el trastornos de nuestras botellas. Siempre pendientes al velador que nos espiaba en la oscuridad.

     El anochecer fue nuestro cómplice y consuelo. Nos ayudo a determinar el destino de nuestras vidas y nos mantuvo en las calles de su amargura. No había noche que no deseáramos regresar a contar sus estrellas y acariciar su luna. Su viento había cautivado nuestra piel y se había hecho parte de nuestro ser.

     Todos los caminos nocturnos nos rescataban y reenviaban a su ser. No éramos todos sino uno que se envilecía en la nostalgia de sus luces. El mar abierto nos invitaba a no encontrar el final de nuestras noches. Los besos cautivos de nuestros deseos nos amarraban a una furtiva nostalgia que nos mantenía al margen de la cordura.

     Bendita playa a la que regreso en mis sueños buscando la paz de esa noches. Los deseos del pasado que todavía anhelo. Tanto que deseo que estés aquí para recorrer tu arena y recuperar las horas perdidas. Para olvidarme del desengaño y cultivar mis ilusiones. Bendita noche sagrada que me colmas de melancolías.

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