[Artículo] Devuelta al Comedor Escolar

     En la tarde de hoy tuve la oportunidad de visitar un comedor escolar después de más de diez años.  En definitiva tengo que aceptar que el comedor de la escuela donde cursé mis estudios era mucho mejor que este en ‘gringolandia’. Eso es sin contar que el que visité hoy fue construido hace solo  un año y cuando yo estaba en la escuela ya nuestro comedor era viejo.

     Primero que nada, el comedor es un pequeño espacio el cual se puede convertir en un área mas grande al mover ciertos paneles. El mismo también sirve de cancha y de auditorio dependiendo de la ocasión. Y para colmo hay que pagar por la comida. No se si me estoy poniendo vieja, tacaña o qué, pero la experiencia no fue la misma que yo viví por más de doce años.

     Los estudiantes bajan a almorzar por grado ya que no cabe más de un grado a la vez en el comedor. En el mismo solo hay 4 personas atendiendo. Una maestra para monitorear las mesas. Que de hecho son mesas largas tipo ‘picnic’. Dos señoras que sirven la comida recalentada. Una para cada lado de la fila y para terminar una sola cajera con su sistema electrónico para pagos.

     Eso si, la escuela provee dos opciones para la hora del almuerzo. Aunque ambas parecen sacadas del menú de  una cadena de comidas rápida. Nada que ver con nuestros suculentos platos de arroz con habichuelas y todo lo demás que te cupiese en la bandeja. Eso fue lo único que se me hizo familiar. Las bandejas plásticas color crema con divisiones que se utilizan para escuela elemental.

    Además, los pobres nenes se tienen que quedar en el comedor, hayan o no terminado, por treinta minutos. Esto es hasta que tres profesores le permiten ir a jugar afuera bajo su directa supervisión. A un área casi del tamaño de la cafetería. Esto no es por problemas de dinero o espacio, sino por la nueva moda de construir edificios verdes que a la hora de la verdad solo son funcionales cuando se encuentran en los planos.

     A lo mejor lo estoy idealizando, pero mi comedor escolar era grande, acogedorDSC06445 y una experiencia diferente cada día. Todas las señoras del almuerzo nos conocían no solo por nuestro nombre, sino por nuestras manías. Desde la primera que siempre te servía el arroz, hasta la última que te daba la leche. Y si no comías lo suficiente, no eras tú el que salías de allí. Porque no te iban a dejar entregar tu bandeja. Y sin olvidar que la comida extra se recogía para dar de comer a los cerditos.

     Mi comedor era casi del tamaño de una cancha de baloncesto, sino más grande. Las mesas eran separadas entre 6-8 personas. La comida siempre estaba caliente aunque a veces no muy bien sazonada. Como buenos puertorriqueños se escuchaba ruido y algarabía. Nada de comer en silencio. Podíamos entrar y salir cuando quisiéramos y repetir si así lo deseábamos.

     comedor(3)Nuestro recreo no estaba limitado a un área en especifico. Toda la escuela era nuestra y podíamos desplazarnos por todas las áreas sin tener que estar pidiendo permiso o estar dentro de un área demarcada. También, teníamos dos tiendas en donde comprar dulces, refrescos, empanadillas, etc. Durante esa horas nosotros teníamos el control o eso pensábamos.

     En realidad, cosas que parecen tan insignificantes como estas no se aprecian hasta que los años han pasado y vemos las cosas desde afuera. Porque bastantes veces que me acuerdo de quejarme de la comida de ese comedor escolar. Ahora daría lo que fuera por no tener que cocinar y simplemente hacer la fila a la hora del almuerzo.

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