[Artículo] Fueron Varios los Veranos

Con el comienzo del verano, son muchos los adolecentes que se debaten entre quedarse en su casa o conseguirse un trabajo de verano. En mi caso, por varios años trabajé en el programa de verano de ‘Guaynabo City’. Como la mayoría de las cosas en Puerto Rico, con pala. Mi abuela habló con una de sus amigas en el municipio y ella nos dio la aplicación, a mí y a una amiga.

     La primera vez que participé en este programa tenía solo 16 años. En esa ocasión, me tocó trabajar en una escuela pública cerca de mi casa. El plan original era ayudar con el mantenimiento de las facilidades, pero tuve la suerte de que había un campamento durante las mismas horas en las que me tocaba trabajar. Además, conocía previamente a una de las maestras y ella me permitió asistirla en el salón de clase.

     Este campamento era uno muy diferente a los que yo estaba acostumbrada. A él acudían jóvenes y adolecentes con necesidades especiales. Había que ayudarlos a hacer todo, desde leerle libros hasta darle la comida. Todavía recuerdo con mucho cariño a una estudiante en particular. Me imagino que ella debió haber tenido, en ese entonces, unos 17 a 18 años y tenia una movilidad limitada, pero le encantaba que le cantaran y que le contaran historias.

     El verano siguiente me asignaron a trabajar en el cementerio municipal. Cuando me enteré lo primero que hice fue correr donde mi abuela, porque la valentía no es lo mío. Y trabajar en un cementerio día a día no es algo muy tentador cuando se tienen 17 años. Gracias a Dios y a mi angelito guardián nos trasladaron al Vivero municipal. Ahí, aunque había que recoger y plantar, no me tenía que preocupar porque algo se me fuera a aparecer durante mis horas de trabajo.

      Luego de un tiempo allí, pidieron voluntarios para trabajar en la estación de bomberos en la misma calle, pero al otro lado del puente. Como ya se imaginan, no perdimos la oportunidad y nos ofrecimos para el cambio de trabajo. En la estación, mayormente nos encargábamos de contestar los teléfonos y limpiar el piso en el área de los cuartos. Los muchachos se encargaban de lavar los camiones y arreglar el equipo. Nunca recuerdo una emergencia allí.

     Recuerdo que íbamos a la plaza del mercado a comprar quenepas casi todos los días. Además caminábamos desde la estación hasta mi casa que quedaba a 10 minutos en carro, pero a una eternidad a pie. Eso si, aunque llegábamos muertas siempre la pasábamos de maravilla porque salíamos todos juntos en un grupo y según pasábamos por las distintas áreas cada cual seguía para su casa.

     Además de trabajos de verano, también tuve la oportunidad, con mi amiga y esta vez, a través de una de sus palas, de trabajar en le Feria que se realizaba el el parking del Pedrin Zorrilla cerca de Plaza. Trabajamos de vendedoras de pulseras, en las atracciones, poniendo/quitando las pulseras entre otras cosas. En mi caso, terminé vistiéndome de la Virgen María para un nacimiento viviente que tenían, porque la muchacha de todos los días se había enfermado.

     Luego de esto, tuve trabajos un poco más permanentes, pero ya esa es una historia para otra entrada. Por el momento le recomiendo a todo adolecente que saque un poco de su tiempo para dedicarse a uno de estos trabajos. Ya en estos tiempos es mas fácil conseguir uno de ellos. Y lo más importante es que solo se trabaja de 3-4 horas, se ganan unos $400 por el verano, pero se crean memorias para toda una vida.

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