Cuentos de un Alma Llanera

Cuando se acercaba la oscura noche antillana, Inés y Luis Antonio comenzaron a buscar donde acampar. Habían abandonado la ciudad cerca del amanecer y ya la silueta de la luna les advertía que era tiempo de encontrar una guarida. No sabían hacia donde iban o que encontrarían en el camino. Solo les guiaba la duda de lo que podrían encontrar al otro lado de la campiña.

Ambos abandonaron su pasado y se dirigieron hacia un futuro desconocido. Ese primer día les parecía ya interminable. Por más que se adentraban en las pequeñas calles campestres, mas pensaban que había sido un error abandonar la ciudad. Ellos pensaban que todo seria más fácil, si no dependieran de nadie. Si su pasado quedaba atrás y su futuro por delante.

Ya Inés estaba cansada cuando encontraron un área clara donde refugiarse. Allí, a la luz de la luna contemplaron sus opciones. Reconsideraron su pasado e imaginaron lo que les esperaba en su camino. Entre palabras, risas y sueños los venció el cansancio. Abrazados por primera vez, pasaron juntos a encontrarse con Morfeo. Cada cual con la esperanza de encontrar un mejor mañana con el calor del amanecer.

CONTINUARA…

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