Cuentos de un Alma Llanera IV

I

Y así fue. Luego de unos minutos Luis Antonio comenzó a sentirse observado. Inés aún se encontraba en sus brazos como una niña pequeña buscando refugio cuando comenzaron a sentir unos pasos que se acercaban de prisa. Cada vez más fuertes e intimidantes hacían latir el corazón de estos a un paso aligerado. Su respiración se hacía rápida y sus mentes se nublaban. No sabían que hacer o como reaccionar.

Seguían en el suelo donde podían sentir la vibración de la tierra siendo transmitida a sus cuerpos. Las flores que antes parecían parte de Inés comenzaban a marchitarse con gran rapidez. Como si algo las estuviera aniquilando a su pasar. Ya eran pocas las que quedaban llenas de color y alegría y se encontraban solo alrededor de ellos. El resto se había convertido en un valle de soledad y angustia para ambos.

Luis Antonio no pudo más y abrazo a Inés con fuerza. Todo a su alrededor comenzó a dar vueltas. El seguía sintiendo que era vigilado y a la vez sentía los pasos fuertes cada vez más cerca. Tenían la sensación de ser atacados en todas direcciones. Sin esperar más cerraron sus ojos y acercaron sus cuerpos aun más.

En un santiamén un gran estallido de luz desapareció todo a su alrededor. La campiña se encontraba nuevamente en silencio, llena de flores y belleza sin fin. Como si nunca hubiese pasado nada en ella. Ni una simple hormiga que trabaja para su sustento. Como si el tiempo hubiese regresado atrás, a un momento de perfecto balance. En el cual todo era perfecto. Donde no hacía falta nada más que observar la belleza para regocijar el alma.

CONTINUARA…

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