Cuentos de un Alma Llanera VI

I

Otra vez se encontraban en la campiña; abrazados. No sabían si lo que había pasado había terminado o si simplemente regresaría sin decir más. Permanecieron sentados observando las flores a su alrededor, tratando de descubrir sin habían vuelto a la realidad o si aún se encontraban viajando. No sabían cuánto tiempo había pasado o si en realidad esa experiencia les serviría para llegar al futuro que ya sabían les esperaba.

Un poco más calmados se prepararon para partir. Tomaron las pocas pertenecían que llevaban consigo y comenzaron nuevamente a caminar hacia el sur. Seguían la misma ruta que muchos antes que ellos, pero al parecer habían llegado más lejos que los demás. Al parecer, luego de las visiones del futuro, otros decidían regresar nuevamente a la ciudad sin conseguir su propósito. Afortunadamente, Luis Antonio e Inés estaban determinados a no regresar sin cumplir su encomienda.

Luego de varias horas de camino, divisaron un arroyo de aguas cristalinas que daba vida a la flora majestuosa y embellecía el panorama. Todo parecía como tomado de una pintura antigua que hacia resaltar el esplendor natural del área. Sentían una calma que les atraía a acercase. Al hacerlo se dieron cuenta de que no eran los únicos en el arroyo. Al parecer eran varias las personas que se encontraban disfrutando de la tranquilidad de las aguas.

Inés se dirigió hacia un grupo de mujeres que se encontraban sentadas en unas piedras con sus pies sumergidos en las tibias aguas. Parecían que estaban listas para dialogar, pero en realidad ninguna decía nada. Parecía como si estuvieran adentradas en sus pensamientos y sin noción de lo que pasaba a su alrededor. Inés sintió la necesidad de acercarse y observarlas; sin darse cuenta se acopló a ellas como una más. Como si nada más se encontrara a su alrededor.

Cuando Luis Antonio se percató de lo que pasaba se acercó a Inés y toco su hombro con sutiliza, pero esta no pareció percatarse. Una vez más, tocó a Inés, pero esta vez él sintió que su piel se sentía fría. Decidió tomarla de la mano y apartarla del grupo. Ya cuando se alejaron un poco, Inés volvió en sí y le explicó que había sentido la pena que embarcaba a esas mujeres. Todas tenían una historia en común; habían llegado allí en busca de sabiduría, pero no habían podido partir para seguir su búsqueda.

CONTINUARA

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